Está demostrado que yo no tengo suerte con los primeros días de nada. El primer día de mi primer curso en la facultad quise abandonarlo todo y dedicarme a vagar por las calles, rumiando el desencanto que había experimentado en esas primeras clases.
En el trabajo no cambia la cosa. Un 80% de las veces tengo la regla en mi primer día de trabajo. El primer día en Hertz llegué con una hora de retraso. El primer día en Genasys llegué una hora antes.
Pues bien, siguiendo la tradición, hoy ha sido un día de locos. No necesariamente malo, pero que dios me libre de tener primeros días anodinos y aburridos.
Para empezar, he sacado mi cuerpo inerte de la cama, destemplándome en el acto. En el baño había una cucaracha de tamaño medio, oculta en la alfombrilla, saludándome con sus antenitas malignas.
He ido a clase en renfe y metro, pensando que así llegaría con tiempo. Nasti, he llegado justa justa. Cuando alcanzo el aula A-312 veo que está vacía, y que, además, no es la clase donde imparte Sintaxis Inglesa I la profesora C.C. Me bajo a toda leche a secretaría. Hay 30 personas y un perro mirando los horarios, clases y demás. Forcejeo y alcanzo a ver la sección de Filología Inglesa. Resulta que me han cambiado la clase, ahora he de ir a la A-335.
Llego 15 min tarde. La profe es maja, pero utiliza todo el tiempo del que dispone (1 hora y media), en vez de hacer lo que deberían hacer los profes el primer día: darnos un handout con el esquema del curso y dejar que nos vayamos. Durante la clase no puedo evitar darle vueltas al la transferencia que tengo que hacer para matricularme para el Noken de tercer nivel (examen de japo de la embajada), y que se me acaba el tiempo.
Salgo de clase y entro en Lingüística. Llego tarde también porque me he equivocado de ala, y a veces parece que mi facultad la ha diseñado Escher. El profe va de House, pero de House sólo tiene la H en el apellido. Un borde con la gracia en el puto culo. Por lo menos nos suelta pronto.
Voy volando al banco Santander que hay cerca de la fac. Hago el ingreso (dando un par de rodeos, por supuesto, no podía ir todo sobre ruedas). Me encuentro con Marta y charlamos en un banquito un rato.
Tras ese pequeño lapsus de felicidad mundana, parto hacia la embajada japonesa, en C/ Serrano, 109. Como soy gilipollas, me bajo en el mismo metro de Serrano, una calle que, por un misterio arquitectónico, sólo tiene tráfico hacia abajo. Es decir, que no hay autobuses que suban la cuestecita de las pelotas.
Como soy imbécil, insisto, decido que me viene bien andar. Os recuerdo que estoy al principio de la calle, y que tengo que llegar al número 109 para alcanzar mi destino. Pues bien, camino durante veinte minutos o así, sudando a chorro. Llego, entrego los papeles y me piro. Tanta facilidad me llena de incertidumbre.
Y, para terminar, como no me he cansado todavía de hacer el gili, decido que es mejor que me vaya a comer a la facultad. Voy, como, charlo con diversas gentes y me avío para el curro.
Y aquí estoy, muerta de sueño (4 horas he dormido) y tecleando insensateces.
Otro primer día que va a la lista de "40 peores primeros días".
Besos.
jueves, 2 de octubre de 2008
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3 comentarios:
Pobre...
Me he imaginado tu facultad Escheriana
Hola reina, no te preocupes, si todo sale a la perfección, nuestros días serían un rollo, así son más entretenidos...............
Ánimo que puedes !!!!!!!!!!!!!!
Bueno, bueno...es que, siendo tú, si no te salen así las cosas, luego no podrías escribirlas en el blog para hacernos pasar un buen rato con tus vicisitudes. Relax!
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